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ÚLTIMA HORA: VERGÜENZA JUDICIAL

Antes de narrar nuestro inútil, por lo imposible, peregrinaje judicial, haré una breve síntesis de esta horrible historia, para aquellos que no la hayan leído en su totalidad.

En los primeros años 80, siendo ministro de Sanidad Ernest LLunh, del gobierno de Felipe González, hubo un contagio masivo del virus V.I.H. causante de la enfermedad del sida, en más de la mitad de la población hemofílica de toda España, al ser tratados con hemoderivados comercializados por multinacionales farmacéuticas. Báxter, Grifolls, Landerlan, y otras. Hemoderivados, es decir, derivados de la sangre. Sangre que se obtenía de las cárceles, y de gentes marginales de países pobres, compradas a bajo precio, y que luego era vendida sin control alguno, con enormes ganancias, ganándose las voluntades de direcciones, altos cargos de la sanidad, y otras autoridades del sistema de salud; repartiendo jugosas comisiones, por comprarlos, distribuirlos, y mirar hacia otro lado y contando con la servil colaboración de muchos de los hematólogos que los trataban, que cuando supieron de los primeros contagios en sus pacientes, no pararon de ponerles esos productos contaminados ni previnieron a los demás de lo que podía ocurrirles. Siguieron silenciándolo, provocando así cientos de nuevos contagiados.

En España, a causa de ello, murieron más de 1600 hemofílicos. El Estado, les pagó una ayuda social, lo que demostraba su responsabilidad, pero nunca se siguió ningún proceso penal. Nuestra denuncia penal, puesta en Cádiz, se archivó, sin más. Sin embargo, en Francia sí hubo condenas penales a altos cargos de su Sanidad.

Aquí se tapó este asunto, sobre todo por las Fundaciones y Asociaciones de hemofílicos, que percibían fuertes ingresos en donativos de los laboratorios, así como otros tratos de favor. Ya que algunos de sus directivos y familiares, así como de la realeza, y que teniendo el mismo tipo de hemofilia que mis hijos no se contagiaron, al ser tratados con hemoderivados de sangre porcina y otros ya limpios del virus, lo que demuestra que, algunos personajes era conscientes del envenenamiento.

Mis hijos, José Antonio y Francisco Javier, sí fueron contagiados de V.I.H. Lo cual ya fue un primer y horrible crimen. Ninguno de los dos necesitaban tratamiento de hemoderivados al padecer una hemofilia moderada, que solo necesitaba vigilancia y, en caso muy extremo, el tratamiento.

Ante la gravedad de la extensión de esta pandemia, las autoridades dictaron leyes para tratar de frenarla, ordenando testar los hemoderivados. Esto ocurría en el año 1990.

Llega 1991 y la Directora Gral. de Farmacia, Regina R., lo primero que hace es permitir el uso de hemoderivados sin testar, en contra de la directiva y del criterio de la comunidad científica sanitaria, con la pueril excusa de un posible desabastecimiento.

A causa de ello, y también en silencio, contagiaron a mis hijos de hepatitis C, en 1992 y 1994, de lo cual nos enteramos años después de sus fallecimientos. Y por lo vivido y las pruebas que luego pudimos conseguir, fue este contagio la causa clara de sus muertes. De ahí, esta querella criminal contra los que considerábamos más responsables de sus contagios.

Como se dice en la sección: Ultimas Noticias, la Audiencia Provincial al ver indicios de gravedad en las acusaciones, ordena completar la investigación de pruebas no efectuadas en las diligencias previas antes de su archivo, en el Juzgado de Instrucción nº 3 de Madrid. Reabriéndose así el caso. (Ver nota de prensa)

En esta segunda etapa de las previas ordenadas por la Audiencia Provincial ; la jueza pidió al hospital “ La Paz ” los historiales clínicos de mis hijos, algo que antes no hizo. De esos historiales faltaban: de mi hijo Francisco Javier, todas las analíticas mensuales intermedias, entre las dos que habíamos aportado como pruebas en la querella, la de mayo de 1991, en la cual, aún no estaba contagiado, y la de agosto de 1992, en la que ya aparecía contagiado con la hepatitis C. (Ver documento) . Y de José Antonio , no solo faltaban todas sus analíticas desde 1991 a 1994, sino que también faltaba la que habíamos presentado como prueba de la fecha de su contagio: la de abril de 1994. (Ver documento) .

Y que como digo en el transcurso del relato-historia, esas tres analíticas las teníamos, porque se les “escapó”, en lo que nos dieron a nosotros de sus historiales, a finales de 1999.

Casi un año después, comenzó a tomar declaraciones.

Primero, a testigos de familiares hemofílicos fallecidos por la misma causa; y a un señor hemofílico, al que también infectaron con los dos virus, VIH, y VHC. Todos coincidieron en que, ni los médicos, ni nadie de la Sanidad , les habían comunicado algo nunca, ni sobre la posibilidad de un posible contagio ni después de haber ocurrido éste.

Segundo, llamó a los querellados; la Directora General de Farmacia, Regina R. P.; al Jefe de Hematología de La Paz hasta 1992, José M. V.; a su sucesor en el cargo Fernando H. N.; y a los médicos hematólogos, Manuel M. M. (fallecido antes de ser llamado a declarar) y Manuel Q.M., todos, el mismo día.

Todas las declaraciones estuvieron llenas de increíbles y absurdas mentiras, contradiciéndose en las suyas propias y unos con otros; mezclando fechas y datos del contagio de los años 80 del VIH, con los de éste de VHC, (Hepatitis C); negando las evidencias escritas en los informes y analíticas, existentes en la querella; tratando de confundir a, quienes creían, entenderían poco sobre el tema sanguíneo, los fiscales y jueces que los tenían que acusar y juzgar, presentando sus hechos delictivos, como actuaciones correctas.

Como contarlo todo sería interminable; trataré de extractar lo más posible, parte de las declarado por los dos (para mí) de más responsabilidad en los contagios y muertes de mis hijos. La Directora General de Farmacia y el Dr. Manuel Q.M.,(intercalando críticas y razonamientos a sus mentiras).

La primera, porque con sus órdenes conscientemente nefastas, sabía que muchos ciudadanos que confiaban sus vidas en el buen proceder de quienes representaban y dirigían la Sanidad Pública , iban a ser contagiados y condenados al dolor, sufrimientos inimaginables, y a la muerte. Entre ellos mis dos hijos.

El segundo, porque desde 1992 a 1995, fue el hematólogo, que siempre los veía en su consulta de tardes en La Paz , y que, sabiendo con mas causa aún, que desde 1989, existía el virus de la hepatitis C, traicionó la fe y confianza que habíamos depositado en él, contagiándolos de ese virus mortal para ellos, pudiendo haberlo evitado, ya que, aún después de saber del contagio de Fco. Javier en 1992, continuó solapadamente poniéndole factores contaminados a José Antonio, (sin hacerle falta, y él lo sabía) viendo como veía, sus analíticas, que él mismo le mandaba hacer, todavía negativas al contagio de la hepatitis C, consintiendo así que se contagiara, ¡dos años después que su hermano! , canallesco.

Primero entró a declarar la Directora Gral. de Farmacia. En muchas de sus manifestaciones demostró como son algunos de los nombramientos que hacen los gobiernos para puestos de tanta responsabilidad como éste.

En principio reconoció saber que la hepatitis C se descubrió como tal en 1989 y, entre otras cosas, manifestó: - En la CEE se intenta llegar a un acuerdo para poner en común un proceso para el tratamiento de hemoderivados. Acuerdo al que se llega a finales de 1992 (habiendo en vigor una Orden Ministerial de obligatoriedad de testar los productos sanguíneos antes de ponerlos desde 1990) para que, a partir del 1 de enero de 1993, se testen todos los plasmas que se vayan a utilizar en los hemoderivados, y que era de “obligado cumplimiento”, para todos los Estados miembros -. Y luego añadió: - Al ser imposible “desabastecer” los hospitales, hay que hacer reservas, para “casos especiales”, y se deja un periodo, hasta diciembre de 1994, “que a partir de ahí”, se testan y “destruyen” los no aptos.

Y en ese periodo, hay que “testar los nuevos,”y “dejar los viejos”, por necesidad de “abastecimiento.” . ¿Eran menos importantes los casos de contagios que seguro iban a producirse, que un posible abastecimiento puntual?.

Ni se testaron con las leyes españolas en vigor, hasta crear ese “acuerdo” CEE, ni después de dicho acuerdo, que dijo era de obligado cumplimiento,”desde enero de 1993; -NI NUNCA-, ni mucho menos aún, se destruyeron . Donde sí los “destruyeron”, fue en las venas de mis hijos y en las de cientos de pacientes, que fueron contagiados y muchos de ellos muertos, en esas fechas y en otras posteriores.

Pruebas de ello; el del propio Sr. hemofílico, que prestó declaración, el cual fué infectado de hepatitis C en ¡1996 ¡. Y el también contagio masivo ocurrido en Valencia, de gran repercusión mediática, salido a la luz en 1998, en el cual desviaron la culpabilidad de los contagios, hacia un anestesista presuntamente drogadicto, del que dijeron que se pinchaba con las agujas, que luego usaba en los pacientes. Como si con todas de las que disponía en el hospital, no se las pudo haber llevado a su casa y usarlas allí, y no pincharse en su puesto de trabajo, para que lo viesen . Pero… ¿y los que él no “pinchó” y también fueron contagiados? (Ver noticia de Interviú; en “Recortes de prensa.”) .

Preguntada si, en febrero de 1993, aprobó la circular de seguir manteniendo en el mercado y continuar poniéndoles a los pacientes hemoderivados posiblemente contaminados de hepatitis C, contestó: Que las circulares no se aprueban, que “solo” la había traducido

Preguntada si firmó ella la Circular 4 del 93, dijo que “sí” la firmó. Sí la firmó, entonces ¿no la aprobó?

Preguntada si no es entonces una contradicción, con lo que dicta el comité de especialidades farmacéuticas, manifestó que para “evitar un mal mayor”, no se puede retirar todo, porque si no “se moriría todo el mundo.” Que ella, “no era consciente” , si estaban o no contaminados.

Preguntada si no es cierto que con las leyes vigentes en España era obligatorio testar todos los plasmas y demás derivados, manifiesta; que - no es cierto -.

Nuestro letrado aporta entonces copia de la Orden de <3 de octubre de 1990>, a lo que manifiesta que esa norma, era “solo para transfusiones, no para hemoderivados”. ¿Cómo es posible testar el acto de la transfusión, y no el producto que se transfunde?

Preguntada: si la sangre está contaminada, los hemoderivados lo están también. Contestó: Que “no necesariamente.” ¿Ignoraba acaso, que -hemo- significa sangre, y -derivados-, los productos que de ella se obtienen? .

Preguntada; si es a la inversa, hay que suponer que la sangre está contaminada. Contesta: Que – sí -, sin comentarios…

Mas adelante, y con respecto a la ocultación, manifestó que los pacientes, “se reunían” con el Secretario General de Sanidad, y con el del Insalud; y que estaban informados periódica y puntualmente, de todo lo relativo a hemoderivados. ¿Quien conoció a esos dos? .

Aunque aún existen muchas más cuestiones absurdas que criticar y desmentir, lo dejaremos aquí, para comenzar con la declaración del Dr. Manuel Q.M. (que el infierno confunda).

Muy amables palabritas, muy amigo que decía ser de los hemofílicos, pero que de manera solapada y perversa, traicionó a sus “amigos” llevándose por “delante”, a decenas de ellos.

Además de embrollar y falsearlo todo, dijo cosas ruines y canallescas respecto al estado físico de mis hijos, para salvar su pellejo. Y es que, cada vez que entraban en su consulta, le decía en broma a su madre: ¿Señora que le da usted de comer a sus hijos? Porque él mismo, se sorprendía de lo bien que estaban físicamente, y los aspectos saludables que siempre tenían. Como siempre los conoció.

En principio manifestó; que él no se consideraba médico habitual de los pacientes del “asunto.”

Que le parece raro que, entre 1993 y 1995, los hubiese visto “siete veces.” Que en la seguridad Social “no existen” médicos habituales. Y sin ser preguntado, continuó diciendo: con la clara intención de eludir su responsabilidad, en el contagio de José Antonio . Que el caso de José Antonio, en su protocolo, el contagio ha ocurrido antes de 1994 y no en la fecha que se dice en la querella. Que en ésta, se refiere a otra hepatitis, a la B , (?) y no a la C. Mezcla los virus, y niega la evidencia escrita en su analítica y en los informes que también ponen esa misma fecha de contagio .

Que considera que la muerte de José Antonio fue por sida (él sabía que nunca lo padeció).

Que no ordenaba que se le hicieran transfusiones de sangre, (?) que ellos vivían en Cádiz y acudían a La Paz. Y cuando acudían, --LES SUMINISTRABA-- el factor para tratar su hemofilia.

Que las transfusiones eran imprescindibles, que ponía en la balanza muerte por hemorragia o infección. ¿Y que clase de hemorragias podía él demostrar en ningún informe, que tuvieron mis hijos, para decidir por su cuenta, y sin decir nada; infectarlos con un virus mortal para ellos? .

Continuó diciendo: Que él “no sabía”, que esos factores, podían contagiar la hepatitis C, ni él, ni nadie. Y que el dar positivo a la hepatitis C no quiere decir que el paciente tenga esa enfermedad, sino que ha estado en “contacto,”con el virus. ¿Como puede una persona estar en “contacto” con un virus; por teléfono? Un virus, que no es volátil ni oportunista como otros, -gripe, sarampión, etc.- y que solo se transmite a través de la sangre .

Luego, de forma ruin y perversa, manifestó que “estos chicos, estaban infectados por “doscientas,” (?) enfermedades del VIH, y no se puede hablar de hepatitis C, porque si bien es cierto que tenían afectación hepática, estaban “afectados por doscientas” enfermedades hepáticas”. Sobre todo, por la medicación que les daba. ???.... (¿Los factores contaminados?)

Preguntado si ha traído documentos que acrediten la prueba de la hepatitis C, y que demuestren que el contagio ocurrió antes, manifiesta que no, “que son” los documentos que constan en la querella. Entonces,… ¿en qué – protocolo - vio que José Antonio se contagió antes de 1994? .

Preguntado si no es cierto que ocultó la presencia de la hepatitis C, manifiesta que él no pudo ocultar algo que “desconocía.” Y algo más adelante…dijo: “Que informó a la familia de estos hechos, que les habló de anticuerpos, pero no de hepatitis C crónica, porque no la tenían. Si antes dijo que “lo desconocía”, y aquí: que “no la tenían,” ¿de que hechos, y de que clase de anticuerpos, nos habló entonces? .

Preguntado si esa hepatitis, declarada o no, fueron contagiados por los factores que les suministraba, manifiesta que seguro no podía estar, porque el anticuerpo no se conocía, que fueron contagiados por los hemoderivados que – les imponían en Cádiz -. Primero dijo que él se los suministraba allí, y ahora, que se los imponían en Cádiz .

Preguntado si no tenía otros pacientes en La Paz en las mismas condiciones y se estaban muriendo. Manifiesta que sí, que se morían de sida. En La Paz , muriesen de lo que muriesen , a todos les ponían en sus certificados de defunción, muertes todas, relacionadas con sida. Pero mi hijo José Antonio, falleció en Cádiz y al menos allí, fueron “mas leales” en eso, y en su certificado de defunción pone: Murió a consecuencia de: Insuficiencia hepática. Y son manifiestas en el finado las señales de: Inequívocas .

Preguntado si les mandó tratarse aunque fuese por prevención, insiste que él no conocía la enfermedad y, por tanto, no les podía tratar. Que la hepatitis B aguda, (?) es fulminante, pero la hepatitis C, es “traidora”, y aparecen sus consecuencias a los 30 años.

Poco después se contradijo diciendo: Que - tras años de ir a congresos -, a finales “de 1990” ; empiezan a hablar del tratamiento, contra la hepatitis C en enfermos de VIH positivo, aunque es poco eficaz en estos enfermos. (En una revista editada por la Federación Española de Hemofilia, editada en 1997, escrita en colaboración por ocho hematólogos, sobre el tema de las hepatitis, entre ellos, el propio Q. M., y en relación a la hepatitis C, dicen: “ El periodo de incubación oscila entre 5 y 12 semanas . Que - solo un 20% - de los pacientes pueden progresar lentamente, (20-30 años) a fases mas avanzadas de la afectación hepática… (Luego no a todos les aparece a los 30 años, como dijo antes).Y en cuanto a los contagiados con los dos virus, VIH y VHC juntos dicen en la revista: El tratamiento con –Interferón- es igual de efectivo sobre la hepatitis C , --en estos casos de coinfección --. (Entonces…-.Aparte de su posible eficacia o no, queda claro que sí se podían tratar los dos virus juntos).

Sí, dice que iba a congresos en 1990 para hablar de la hepatitis C. ¿Cómo los jueces admiten sin más, sus respuestas anteriores contradictorias, negando saber la existencia del virus incluso en 1995?.

He dejado para el final una pregunta muy importante, y que al ser impedida su respuesta, ya daba a sospechar cual sería la resolución del caso.

Preguntado si aún después de haberse infectado Francisco Javier, advirtió o informó a la familia de la posibilidad de contagio del otro hermano, por Su Señoría (la jueza ) se rechaza la pregunta --por reiterativa.--. Nuestro Letrado formula protesta.

Seis meses después, (5-11-2007) nos llamó a declarar a nosotros. Como ya habíamos leído estas declaraciones, además de los datos, y aclaraciones intercaladas, se le hizo saber que no habían entregado, los historiales completos; que faltaban todas las analíticas que les hicieron desde 1991, incluso la del contagio de José Antonio en 1994, que habíamos aportado en la querella.

También le llevé y entregué en mano, dos informes de suministro de factores, de los años 92, 93 y 94, firmados por el Dr. Manuel Q.M. y que demostraban lo que él dijo al principio, que se los suministró allí.

Casi dos años después, volvieron a archivar el caso. Firmado por otra jueza que ocupaba ya el puesto de la anterior y que no había llevado ni el estudio del caso, ni escuchado y visto las reacciones de unos y otros en sus declaraciones.

Un auto de archivo basado en el informe Forense, que certificaba todo lo declarado por los querellados y en el cual se argumentaba: que no resultaba debidamente acreditada la perpetración de infracción penal alguna, toda vez que de las diligencias practicadas -consistentes,- y que en los informes médico forenses obrantes, resulta acreditado, que el fallecimiento de Francisco Javier, fue a consecuencia de una parada cardio-respiratoria, provocada por un cuadro de inmunodeficiencia-sida.

En su informe hospitalario, del mismo día de su fallecimiento, pone: Por fallo multiorgánico . Y que no resultaba probado que el de José Antonio, fuese por la hepatitis C, refiriendo el forense que, ante un enfermo con los dos virus, -lo indicado- es tratar el sida, porque la hepatitis C, puede evolucionar durante muchos años, sin producir fallecimiento.

¿En donde, y en que informes se basó el Forense, para asegurar que José Antonio padeció de sida? . Y que tampoco era debido a una mala praxis en la actuación médica la ausencia de tratamiento de la hepatitis C, por lo que no existía delito alguno en las actuaciones de ninguno de los denunciados.

Se presentó un nuevo recurso a la Audiencia Provincial. El caso ya no recayó en el mismo juzgado, que ordenó completar las actuaciones habladas anteriormente.

Como suponía que ya no se iban a ver otras cosas que lo resuelto por el juzgado anterior, les mandé un escrito particular mío, dirigido a los tres jueces que componían dicho tribunal. El escrito fue aceptado y añadido a los demás documentos existentes en la querella. En él les pedía en Súplica, que antes de que resolvieran el caso, hicieran comprobar en los documentos existentes en la querella, los datos, aclaraciones y razonamientos, que en mi escrito les hacía, para que si los viesen en verdad y en razón, hicieran entonces una verdadera justicia.

Que, respetando la opinión de la Sra. Magistrada , yo sí creía que había delito, y claro.

Que, su resolución del caso no estaba acorde con los datos escritos en analíticas, informes y demás documentos existentes.

Que, el informe médico forense, no podía considerarse veraz ni equitativo, que obviaba realidades; y que lo veía casi un calco de lo declarado por los querellados. Y así, nos considerábamos en desventaja.

Que, habían falseado el problema de la hemofilia. Que la hemofilia no es una enfermedad de muerte.

Que, los hemofílicos no tenían dependencia alguna de los factores, “si querían vivir” como habían dicho.

Que, solamente se debían poner sus factores de coagulación cuando tuviesen algún episodio hemorrágico. Y que, mientras no fuese así, hacían sus vidas, y eran personas tan normales como todas las demás.

Que, en el caso de mis hijos, solamente se los ponían en contadas ocasiones, por recomendación del médico que los trataba, y solo por prevención a posibles accidentes.

Que, mis hijos fueron contagiados deliberadamente.

Uno, en agosto de 1992, estando en vigor las leyes españolas de octubre de 1990, de testar todos los hemoderivados, antes de ponérselos a los pacientes, y, antes de entrar en vigor “ese” acuerdo con la CEE , de enero de 1993. Leyes que no se cumplieron.

Y el otro, en abril de 1994, estando ya en vigor ese acuerdo CEE, que era “de obligado cumplimiento”. Y sin existir después ninguna otra ley concertada de ninguna clase. Solo un mandato, a título personal, dado por la representante de Sanidad, de mantener esos productos aún sin testar, y precisamente hasta el 12 del 94. Que esa era “la coartada” que se inventaron todos para justificar el contagio de José Antonio, en agosto de 1994. Y eso era delito.

Que, las fechas de sus contagios eran las que constaban en las analíticas, y en los dos informes resúmenes de sus historiales aportados. (Ver documento) .

Que, si los médicos hubiesen visto en sus “protocolos” otras analíticas, (que existían) anteriores a esas fechas, las hubiesen entregado al juzgado, para demostrarlo.

Que, no los trataron contra la hepatitis C, para ocultar los contagios. Y por ello, la causa de sus muertes.

Que, la excusa de tratar el sida y no la hepatitis C, porque ésta tardaba muchos años en aparecer, era falso. Que era al contrario.

Que, a mis hijos les apareció la hepatitis C, a los pocos meses de las fechas de sus contagios. ( Y a todos ) y no el sida, que es lo que tarda años en aparecer. Que Francisco Javier, tras ¡once años! de haber sido contagiado de VIH, es cuando empezó a padecer algún problema relacionado con esa enfermedad. Pero no fue así el caso de José Antonio, quien tras ¡quince años! de su contagio de VIH, nunca la padeció . Solo era sero-positivo. Y que no existía ni un solo informe suyo, con el que pudiesen demostrar que padeció, ni ingresó por algo relacionado con sida.

Que incluso había tres de ellos, uno del propio Dr. Manuel Q.M., de 1993, que dice textualmente: Se encuentra bien, ningún proceso relacionado con el VIH . Y dos de 1995; uno de marzo que dice: No hay patología, relacionada con el VIH . Y otro de julio, de solo ¡dos meses! antes de morir en Cádiz, que dice: Hasta el momento actual, ha presentado pocos procesos en relación al VIH , solo sinusitis y candidas bucales . Problemas de carácter otorrino, que podemos padecer cualquier persona, sin estar contagiados.

Que, todos los médicos, incluido el Forense, sabían muy bien, que el ser seropositivo al VIH, no quiere decir que se padezca de sida. Que ésta es la enfermedad que produce el virus VIH, cuando aparece.

Completaba mi escrito pidiéndoles de nuevo Justicia, mencionándoles los derechos “que dicen” tenemos en la Constitución Española. Que todos los ciudadanos somos iguales ante la Ley y la Justicia . Nada.

A pesar de los reveses anteriores y de lo que nos habían dicho varios abogados antes consultados; incluso algunos médicos; de que teníamos la razón, pero que nunca nos la darían, yo aún tenía algo de esperanza, en que quizás algún fiscal o juez, viesen la claridad en alguna de las muchas actuaciones oscuras que existen en esta masacre humana. Y si fuese así, les hicieran justicia a mis hijos. Y ese anhelo, y el verlo tan claro, me hacia no querer admitir que, el caso de mis hijos, estaba condenado al fracaso desde el principio.

Si mi escrito fue leído o no y si se comprobó algunas de mis peticiones aclaratorias, (más bien no) en septiembre de 2010, volvieron a archivar el caso, con las mismas argumentaciones anteriores.

Donde, a pesar de haber sido declarado por el hematólogo, y de existir informes de que los factores se los suministraron en La Paz , se dice que se pudieron contagiar en Cádiz. Pero… aún suponiendo que hubiese sido así, ¿al menos la representación de Sanidad, no tendría alguna responsabilidad en ello?, ¿o sus órdenes no llegaron también al hospital de Cádiz? .

Donde, aun se sigue poniendo en duda la causa de la muerte de mi hijo José Antonio. A pesar de que también en este otro informe-diagnostico, igualmente aportado; dice bastante claramente, cuales eran sus padecimientos, dos meses antes de morir. (Ver documento) .

Donde no existen otros argumentos ni pruebas documentales ciertos y válidos, que los existentes en los informes Médico-Forenses.

Y donde, también se nos recomienda acudir a las acciones civiles, para obtener así “justicia” . Mis hijos no eran mercancías para que ningún juez tuviera potestad para ponerles precio. Sus vidas y sufrimientos no tienen ningún precio.

El Auto de archivo, (consta de nueve folios, de los que se muestran los dos, con las causas de su archivo). (Ver documento) .

Visto lo cual, y sabiendo de otros casos similares, jamás en este país, mientras la justicia esté politizada, por mucha razones que se tenga, ningún ciudadano normal como nosotros podrá ganar y, menos aún, Vía Penal, algún caso contra médicos y otras personas pertenecientes a la Sanidad u otro Ministerio del Estado.

Porque, además de que todas las pruebas de su mal proceder, las tienen ellos, y entregan lo que quieren; se escudan en falsas argumentaciones, que son respaldadas por otros médicos. Mientras, nosotros no encontramos a alguno neutral que quisiera ir al juzgado, simplemente a decir lo que es verdad en todo esto, debido al corporativismo que, de todos es sabido, existe en esta profesión.

Podríamos haber recurrido en Amparo, al Tribunal Constitucional, y después al de Derechos Humanos, ¿para qué?, si ya no íbamos a conseguir otra cosa que estrellarnos de nuevo en el mismo muro y más sufrimiento para nosotros, continuando esta lucha inútil e imposible, para obtener siempre el mismo resultado. Y además de ello, y como se dice en este auto de archivo, posiblemente por seguir insistiendo, quizás ya sí apreciarían “mala fe”, y nos harían pagar encima, las cuantiosas costas judiciales.

Está bastante claro que en este caso tan “molesto”, y contra los personajes que son, ni nos hubiesen amparado en el Tribunal Constitucional; ni tampoco dos “Humanos” desgraciados como nosotros, tendríamos ningún Derecho, en el Tribunal Europeo.

Perdida ya esa pobre ilusión, a la que nos habíamos agarrado en nuestra ya inútil e insulsa vida; de que al menos les hubiesen hecho la justicia que merecen nuestros hijos; la que pide en su carta nuestro hijo José Antonio. (Ver en la sección documentos) , ya solo nos ha quedado el continuar arrastrando la cada vez más pesada cadena perpetua de tristeza y soledad a la que nos condenaron también a llevar esos malnacidos desde que nos quitaron a nuestros hijos, y, así, esperar el día en que nos toque reunirnos con ellos, con la rabia de saber que nos los mataron consciente y deliberadamente, ¡digan lo que digan, los forenses, fiscales y jueces! Y que esos despreciables y malvados seres, que les quitaron sus jóvenes vidas, después de hacerles padecer, tantos y tantos sufrimientos, se van a ir “de rositas”. ¡Con total impunidad! Una gran y vergonzosa injusticia.

¡Un Estado de Derecho! ................... ¿Cuándo?

¡Y es que lo pudieron haber evitado, maldita sea! Cuantos sufrimientos, cuantas vidas inútilmente sacrificadas, cuantas familias destrozadas para siempre, y cuanto daño han hecho; por no haber testado, y luego tirado, los productos contaminados.

Y todo ello por culpa de los egoísmos personales y políticos, y por el maldito dinero. Un dinero que pudo salvar muchas vidas, y que luego era despilfarrado (como hacen ahora) en otras cosas superfluas.

Mis hijos fueron víctimas mortales, de la ambición desmedida de multinacionales farmacéuticas, egoísmos personales y políticos de dirigentes de la Sanidad, y la nula conciencia profesional y humana de los médicos hematólogos que los trataron.

¡Pobres hijos míos! Caer en manos de semejante gentuza.

¡Malditos! ¡Malditos sean todos!